Fui a verte aquella noche, no había nadie en tu casa, me quedé esperando en el portal, dormida en la puerta. De madrugada me despertó un hombre que marchaba a trabajar. El olor dulzón de las mañanas me llevó a la panadería de enfrente, pedí un donut y el panadero me preguntó por ti, le dije que no estabas.
Desayuné a deshoras, esperando verte llegar desde la ventana, dije adiós al panadero, volví a tocarte el timbre, por si a caso, pero nada. Volví a sentarme en la puerta. Doña Ana me invitó a pasar, me dijo que habías vuelto a casa el fin de semana, que no tardarías mucho en llegar; que ya sabía yo que no te gustaba volver después de comer. Me preguntó por mi juego de llaves, le dije que lo había dejado olvidado la última vez que estuve aquí, que qué tal con los italianos, que muy bien, pero que ya sabe, son unos pesados.
Como no volvías, le dije que me marchaba; que de ninguna manera, que había preparado un guiso muy rico para comer, que había de sobra para las dos, que cómo no me iba a quedar, que le contara, que ella una vez estuvo en Turín, que fue hace ya mucho tiempo, pero que aún se acuerda. Y le dije que sí, cómo le iba a decir que no. Y le conté que últimamente no hacía más que echarte en falta y que necesitaba verte.
Hizo café en el fuego, y sacó unas pastas que le había traído su sobrino, el de la calle Segovia, aquel tan majo, el que viene a verla todos los viernes cuando sale de trabajar, un sol de muchacho, me dijo, pero que voy a decir yo, que es como mi nieto.
Oímos la puerta y fui a ver, no eras tú y seguimos hablando, de aquellos años en los que era joven, de aquel amor que se le murió en la posguerra; hija, el hambre y el miedo sacan lo mejor y lo peor de las personas, y pensé que tenía razón.
Me contó de aquellas muchachas, sabes, antes no era fácil querer a otra mujer, a mí me quisieron casar con un primo lejano, pero me negué, ay, pero Juana, Juana se marchó con aquel chaval, era un buen hombre, no creas que no, muy listo y buen mozo, pero las dos sabíamos que no la iba a hacer feliz. Me la encontré el año pasado, a penas ni me saludó.
Me contó de aquellas muchachas, sabes, antes no era fácil querer a otra mujer, a mí me quisieron casar con un primo lejano, pero me negué, ay, pero Juana, Juana se marchó con aquel chaval, era un buen hombre, no creas que no, muy listo y buen mozo, pero las dos sabíamos que no la iba a hacer feliz. Me la encontré el año pasado, a penas ni me saludó.
Y yo pensé que a nosotros no iba a pasarnos lo mismo, que no podía pasarnos lo mismo, que esperaría hasta que llegaras, y te diría lo que te quiero, y que no iba a volverme a marchar, y que no me saltaría nunca más el beso de la mañana, que no volvería a dudar, que somos más que suficiente, que no hace falta encajar siempre, que eres el más guapo de los hombres aunque no parezcas un guerrero griego.
Sonó la puerta y esta vez eras tú, una rubia te sujetaba por la cintura.
...traigo
ResponderSuprimirsangre
de
la
tarde
herida
en
la
mano
y
una
vela
de
mi
corazón
para
invitarte
y
darte
este
alma
que
viene
para
compartir
contigo
tu
bello
blog
con
un
ramillete
de
oro
y
claveles
dentro...
desde mis
HORAS ROTAS
Y AULA DE PAZ
COMPARTIENDO ILUSION
SUEÑOS DE UN CIELO ROJO
CON saludos de la luna al
reflejarse en el mar de la
poesía...
ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DE FLOR DE PASCUA ENEMIGOS PUBLICOS HÁLITO DESAYUNO CON DIAMANTES TIFÓN PULP FICTION, ESTALLIDO MAMMA MIA, TOQUE DE CANELA ,STAR WARS,
José
Ramón...
¡Pues, vaya con la rubia...! Ahora voy a leer la segunda parte. El caso es que siempre tiene que haber una rubia que estropee o complique las cosas pero...
ResponderSuprimirEmpecé a leer la historia. Hermosa. Es muy pronto para sacar conclusiones o invitar a la protagonista a huir conmigo. Seguiré leyendo.
ResponderSuprimirAbrazos.