lunes 26 de diciembre de 2011

Más que suficiente

Fui a verte aquella noche, no había nadie en tu casa, me quedé esperando en el portal, dormida en la puerta. De madrugada me despertó un hombre que marchaba a trabajar. El olor dulzón de las mañanas me llevó a la panadería de enfrente, pedí un donut y el panadero me preguntó por ti, le dije que no estabas. 

Desayuné a deshoras, esperando verte llegar desde la ventana, dije adiós al panadero, volví a tocarte el timbre, por si a caso, pero nada. Volví a sentarme en la puerta. Doña Ana me invitó a pasar, me dijo que habías vuelto a casa el fin de semana, que no tardarías mucho en llegar; que ya sabía yo que no te gustaba volver después de comer. Me preguntó por mi juego de llaves, le dije que lo había dejado olvidado la última vez que estuve aquí, que qué tal con los italianos, que muy bien, pero que ya sabe, son unos pesados.

Como no volvías, le dije que me marchaba; que de ninguna manera, que había preparado un guiso muy rico para comer, que había de sobra para las dos, que cómo no me iba a quedar, que le contara, que ella una vez estuvo en Turín, que fue hace ya mucho tiempo, pero que aún se acuerda. Y le dije que sí, cómo le iba a decir que no. Y le conté que últimamente no hacía más que echarte en falta y que necesitaba verte.

Hizo café en el fuego, y sacó unas pastas que le había traído su sobrino, el de la calle Segovia, aquel tan majo, el que viene a verla todos los viernes cuando sale de trabajar, un sol de muchacho, me dijo, pero que voy a decir yo, que es como mi nieto.

Oímos la puerta y fui a ver, no eras tú y seguimos hablando, de aquellos años en los que era joven, de aquel amor que se le murió en la posguerra; hija, el hambre y el miedo sacan lo mejor y lo peor de las personas, y pensé que tenía razón.

Me contó de aquellas muchachas, sabes, antes no era fácil querer a otra mujer, a mí me quisieron casar con un primo lejano, pero me negué, ay, pero Juana, Juana se marchó con aquel chaval, era un buen hombre, no creas que no,  muy listo y buen mozo, pero las dos sabíamos que no la iba a hacer feliz. Me la encontré el año pasado, a penas ni me saludó.

Y yo pensé que a nosotros no iba a pasarnos lo mismo, que no podía pasarnos lo mismo, que esperaría hasta que llegaras, y te diría lo que te quiero, y que no iba a volverme a marchar, y que no me saltaría nunca más el beso de la mañana, que no volvería a dudar, que somos más que suficiente, que no hace falta encajar siempre, que eres el más guapo de los hombres aunque no parezcas un guerrero griego.


Sonó la puerta y esta vez eras tú, una rubia te sujetaba por la cintura.

3 comentarios:

  1. ...traigo
    sangre
    de
    la
    tarde
    herida
    en
    la
    mano
    y
    una
    vela
    de
    mi
    corazón
    para
    invitarte
    y
    darte
    este
    alma
    que
    viene
    para
    compartir
    contigo
    tu
    bello
    blog
    con
    un
    ramillete
    de
    oro
    y
    claveles
    dentro...


    desde mis
    HORAS ROTAS
    Y AULA DE PAZ


    COMPARTIENDO ILUSION
    SUEÑOS DE UN CIELO ROJO

    CON saludos de la luna al
    reflejarse en el mar de la
    poesía...




    ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DE FLOR DE PASCUA ENEMIGOS PUBLICOS HÁLITO DESAYUNO CON DIAMANTES TIFÓN PULP FICTION, ESTALLIDO MAMMA MIA, TOQUE DE CANELA ,STAR WARS,

    José
    Ramón...

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  2. ¡Pues, vaya con la rubia...! Ahora voy a leer la segunda parte. El caso es que siempre tiene que haber una rubia que estropee o complique las cosas pero...

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  3. Empecé a leer la historia. Hermosa. Es muy pronto para sacar conclusiones o invitar a la protagonista a huir conmigo. Seguiré leyendo.

    Abrazos.

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