martes 1 de diciembre de 2009

Maialen

Ella se llama Maialen, aunque yo prefiero llamarla Mai y, aunque en sus ratos libres se dedique a traducir libros del alemán al euskera, es artista a jornada completa.

Nos conocimos hará ya dos años y medio, en una Italia bañada de versos y alcohol, aunque a ella lo segundo no le importara demasiado. Compartimos kilometros y sueños y las canciones de un Ismael Serrano que nos ha traído hasta aquí.

Callada, ella prefiere escuchar, que para hablar demasiado ya estamos los demás. Cuerda en un mundo de locos, la más loca en un mundo de cuerdos. Ella no se autodefine porque no le hacen falta etiquetas, porque es una de esas personas libres hasta en la jaula. Valiente, y no porque no tenga miedo, valiente porque ella limpia los restos de sus temores después de matarlos a besos, pasa el trapo y luego lo escurre por la fregadera, porque hasta el miedo merece ir a parar al río.

Da pedales en la rueda de la vida, pasa despacio, no valla a ser que las prisas no le dejen disfrutar del color de los girasoles en un campo prendido. Le queman las entrañas cuando falsos idealistas hablan de una idea preconcevida que ni siquiera entienden.

Ella pasea a cara descubierta, sin más máscara que su piel, clara y ardiente tras la segundo vaso de sidra. Le canta a Heidi y a Alí Baba y a la sonrisa de las mujeres que nunca será. Se mueve en la ironía como pez en el agua y, si tuviera que compararla con alguien o con algo, me sería imposible acertar.

Ella es más Quijote que Sancho Panza, es un poco como Malena, en otra vida debió de ser un pájaro o un delfín, en Barrio Sésamo sería la mejor amiga de Elmo y del Monstruo de las galletas y si hubiera conocido a Klimt hoy podríamos verla retratada en uno de sus cuadros.

El día 11 de este mes iré a verla a Gasteiz, a escucharla cantar sus canciones, soplos calidos para una ciudad que ya amenaza con vestirse de blanco.

Un ramito de violetas (Cecilia)


domingo 29 de noviembre de 2009

by Agurne Uriarte

Pase V.I.P.

Te miro, todavía es temprano en tus ojos. De mientras, Noviembre llega a su fín y yo sé que me esperas.

Me divierto en el humo de un cigarro a medio liar y escuece la tinta negra del boli al taladrarme la piel. Huye la primavera llevándose el otoño y mis ganas de peinarme.

Yo no soy Mafalda aunque, a veces, me le parezca, no soy Don Quijote y no seré tu Leonor por mucho que Madrid me guarde en su abrigo. Pero, como a ellos, no me faltan las ganas de soñar, de reinventarme en los vientos de aires perdidos, de rasgarte los ojos a base de miradas.

Hoy jugaré a ser Gilda en la desnudez de mi brazo sin guante; Rick Blain y, decirle a Sam que no la vuelva a tocar, Catherin Tramel cruzando las piernas, Gloria recién salida de la cárcel.

Tú, sólo sube las manos y déjate atracar, que la vida empieza en tu camiseta verde, quítate el abrigo, o mejor te lo quito yo, que el negro le come color a tus ojos.

Es domingo como podría ser martes, hace tiempo que se agotaron las entradas para el concierto de tu cuello y, entre copa y copa, espero a que me regales una invitación con pase a camerinos.

viernes 27 de noviembre de 2009

De Don Quijotes

Siempre hay días en los que piensas que el mundo se te va a caer encima, aunque no encuentres razones objetivas para hacer un afirmación absoluta, porque hasta lo más absoluto es relativo en cuanto a la vida se refiere.

Yo no soy Don Quijote, aunque en el fondo (y en lo aparente) me le parezca.

jueves 26 de noviembre de 2009

En diez minutos

Diez minutos no es mucho, pero es suficiente. Aún así, cómo te explico yo en 600 segundos lo que me tiene ausente y, a la vez, tan viva hoy. Será el sol frío de un Noviembre reconvertido en primavera. Serán las ganas de vivir una vida nueva y diferente. No lo sé, pero a caso hace falta.

Pensando demasiado en Madrid, sin ganas de entrar en casa, de quedarme en la cafetería de la facultad, de olvidar todo lo que tengo que hacer hoy, clase de inglés, reunión del trabajo, gimnasio y luego qué, quizá quedarme en casa, con suerte, salir a tomar algo con algún alma caritativa dispuesta a aguantar mi cara vacía.

En días como este, en el que ni el café activa la fluidez de mi cuerpo, en el que no me importaría quedarme callada (que ya es difícil), quieta (peor todavía), mirando las nubes pasar, en los que un minuto es suficiente para describirme: ay...

lunes 23 de noviembre de 2009

Caraluna (Bacilos)